El emprendedor social como figura clave en el nuevo contexto.

Actualmente vivimos en un mundo definido por el cambio. El factor clave para el éxito de cualquier sociedad, empresa o grupo ciudadano está cada vez más definido por la capacidad de cambio de sus integrantes.

El concepto de emprendimiento social fue acuñado por primera vez en 1980 por Bill Drayton, CEO y fundador de Ashoka, para hacer referencia a aquellas iniciativas innovadoras que tenían como objetivo generar un impacto social escalable siguiendo principios de emprendimiento. Por su parte, la Schwab Foundation para el Emprendimiento Social, habla de un modelo para el cambio social que combina la misión de servir a las poblaciones más vulnerables del planeta junto con los principios del emprendimiento y buenas prácticas del sector privado para crear un mundo más justo, equitativo y sostenible.

Los emprendedores sociales innovadores son claves en este nuevo escenario. Son modelos a imitar sumamente contagiosos que animan a muchos otros a involucrarse.

Los emprendedores sociales identifican un problema social y lo abordan cambiando el sistema que lo provoca y difundiendo la solución para que sociedades enteras puedan abordarla. El emprendedor trabaja, prueba, corrige, ajusta y mejora la solución que plantea hasta conseguir que su visión de cambio social se lleve a cabo.

Un emprendedor social compromete su vida a conseguir el bien común, y no estará satisfecho con lo que hace hasta que su visión de cambio estructural se generalice y sea una pauta establecida.

La dimensión social de su trabajo no está definida por su campo de acción. Lo que define el calificativo de “social” es el compromiso vital de la persona por mejorar el mundo que le rodea y por conseguir el bien común.

Fuente:

SEPE- Observatorio de ocupaciones.